La presencia masiva de palomas en zonas urbanas volvió a encender la alarma sanitaria. Especialistas advierten que estas aves, en especial cuando se multiplican sin control, generan riesgos para la salud debido a los hongos y bacterias presentes en sus excrementos, que pueden inhalarse y provocar enfermedades respiratorias y neurológicas.

Según informan, el mayor peligro aparece cuando la materia fecal se seca y se dispersa en el aire. En esos casos, los contaminantes pueden ingresar por vía respiratoria y afectar con mayor gravedad a adultos mayores, personas con defensas bajas, trasplantados o pacientes que consumen corticoides. Entre las infecciones asociadas se encuentran la histoplasmosis, la criptococosis y la psitacosis, que muchas veces se confunden con cuadros gripales o neumonías.

Ante el aumento de la población de aves en ciudades argentinas, el debate público se centra en su control. En Santa Fe se discute declarar plaga a la paloma torcaza, mientras que en otras provincias se impulsan campañas para evitar alimentarlas, ya que la sobrepoblación incrementa la acumulación de excremento en veredas, techos y espacios públicos, lo que eleva el riesgo sanitario.

Las autoridades sanitarias recomiendan no limpiar los residuos en seco, ya que eso favorece que los microorganismos queden en suspensión. Lo aconsejable es humedecer la zona, usar desinfectante, guantes y protección respiratoria, especialmente en lugares donde hay grandes concentraciones de aves. También se sugiere evitar el anidamiento en balcones y cornisas mediante barreras físicas.

Los profecionales coinciden en que sin políticas públicas sostenidas, el problema seguirá creciendo. La combinación de superpoblación, excremento acumulado y falta de control convierte a las palomas en una plaga urbana con impacto directo en la salud, principalmente en el sector más vulnerable de la población.