El caso comenzó a reconstruirse a partir de los últimos movimientos de Omar Rendón, un chofer de Uber de nacionalidad colombiana radicado en Capitán Bermúdez. Según la investigación, el martes 24 de marzo inició un intercambio de mensajes por WhatsApp con Agustina Ellero, quien al día siguiente, miércoles 25, acordó un encuentro personal con la víctima.
Como no pudieron concretarlo en la vivienda de Rendón, la cita fue fijada en un departamento de calle Echeverría al 100, en San Lorenzo, donde la mujer convivía con Ezequiel Rodríguez. En la madrugada del jueves 26 de marzo, entre las 4.40 y las 5, el hombre llegó al lugar a bordo de su Fiat Siena rojo.
De acuerdo a la acusación del fiscal Aquiles Balbis, una vez dentro del departamento, Rendón fue sorprendido por Rodríguez, quien lo atacó con un martillo. El chofer recibió múltiples golpes que le provocaron fracturas en el rostro, lesiones en la clavícula y una costilla.
Tras reducirlo, los agresores le robaron dinero en efectivo, sus teléfonos celulares y las claves de acceso a sus cuentas. Con esos datos, realizaron transferencias por un poco más de 200 mil pesos hacia cuentas vinculadas a los imputados. También le sustrajeron el auto.
Según la reconstrucción judicial, Rodríguez terminó provocándole la muerte mediante asfixia mecánica, con el objetivo de consumar el robo y evitar ser identificado. Horas más tarde, cerca de las 6.45, ambos trasladaron el cuerpo y lo abandonaron en un camino rural en la zona de Roldán.
El vehículo de la víctima fue descartado posteriormente en un camino cercano a Ricardone, sin patentes y tras haberle quitado elementos como la batería y el matafuego. En los días siguientes, los acusados habrían utilizado los teléfonos de Rendón para contactar a sus clientes y exigir pagos, ampliando así el perjuicio económico.
El caso dio un giro el domingo 29 por la mañana, cuando Agustina Ellero se presentó en una dependencia policial y, al ser trasladada, confesó el lugar donde habían dejado el cuerpo.
En paralelo, la investigación ya avanzaba con otros indicios: la policía había detenido a un allegado de la mujer tras rastrear la geolocalización de uno de los teléfonos robados. En la vivienda de calle Echeverría, peritos realizaron pruebas con luminol que detectaron rastros de sangre en un colchón, paredes y el piso, lo que reforzó la hipótesis de que allí ocurrió el crimen.
También se secuestraron elementos clave como ropa con manchas, un martillo y un matafuegos. En el vehículo de Rodríguez, un Chevrolet Astra, se hallaron además rastros compatibles con sangre.
Días después, el Fiat Siena de la víctima fue encontrado abandonado en una zona rural de Ricardone.
Finalmente, este lunes, Rodríguez y Ellero fueron imputados por el homicidio y quedaron en prisión preventiva por decisión del juez Eugenio Romanini. La causa se investiga como un homicidio criminis causa, es decir, un asesinato cometido para facilitar u ocultar otro delito: en este caso, un robo.